viernes, 27 de junio de 2014

Aprendiendo a Aprender



Siento como que hare una confesión muy oculta, (jajaja), bueno la experiencia que me ha dejado una enseñanza en mi manera de aprender y aplicar lo aprendido, sucedió cuando tenía 4 años y medio, actualmente tengo 44, fue una experiencia de la cual en su momento tuve sentidos encontrados, ya que la tome como un defecto  en mí, pero al correr de los años se ha transformado en un motor de empuje cuando me encuentro en situaciones difíciles o mejor dicho que no logro entender, sin más preámbulo va la historia.

Provengo de un pequeño pueblo en el estado de San Luis Potosí, donde en esa época no exista un kínder o jardín de niños como se le dice por allá, frente a casa de mis padres vivía una señora mayor, la cual había sido profesora toda su vida y ya se encontraba en su retiro, esta señora decidió abrir una pequeña escuela en su propia casa, construyo un tejaban y comenzó a dar clases a los niños del barrio, éramos en total alrededor de 15 niños,  cuando mi madre me dijo, -iras a la escuela de doña Lulú (que así  le decían a la señora)- me emocione tenía unas ganas por ir a la escuela era algo novedoso para mí. 

Llega el primer día de clases, creo que es uno de los días más maravillosos que recuerdo de mi infancia, pero al paso de los días me aburría en la escuela, cuando nos enseñaron el alfabeto yo ya quería aprender más, me parecía tan sencillo todo que ocupaba el tiempo en platicar y hacer travesuras a los demás niños, obvio doña Lulú, me ponía unos varazos buenos, en esa época si se permitan ciertos castigos (jajaja), cuando nos enseñaron a sumar y restar me compuse un poco estaba más quieto pero paso lo mismo que antes, cuando ya había entendido las sumas y restas volví a ser el mismo travieso,  la situación llego al punto de que la profesora llamo a mi madre, me sentaron afuera de uno de los cuartos de la casa de la profesora y se pusieron a platicar dentro, yo estaba escuchando todo, no olvido las palabras de la profesora, “Doña Valentina, su hijo es muy inteligente, pone mucho empeño en todo lo que le pongo a hacer, lo termina antes que todos, pero no logro hacer que aprenda nada, no entiende que debe estar quieto en el salón, y no molestar a sus compañeros, se la pasa platicando y jugando, creo que ya no puedo aceptarlo en mis clases”, recuerdo que mi madre solo atinó a decirle “maestra, acéptelo y yo veré que le haga caso, ahorita llegando a la casa le pongo una tunda para que aprenda”, la maestra le dijo que no, ya no podría aceptarme. 

Esta demás decir cómo me fue en casa ese día, pero no fue eso lo que hizo un parte aguas en mi vida en el sentido del aprendizaje, fueron las palabras de la profesora, a mi corta edad no alcanzaba a comprender el por qué si hacia todo bien y rápido estaba siendo castigado de esa manera, llegue a la primaria, todos mis compañeros de “kínder” pasaron a segundo año en el primer mes de clases, yo continúe en primero, solo que ahora era un niño tímido, mi hambre de aprender no cambio, sin embargo trataba de no demostrar que aprendía rápido, siempre pensaba -me van a acorrer de la escuela- termine los seis años de primaria con mención honorifica en los últimos 5, en ese entonces la mención honorifica era una felicitación en la plaza cívica y un regalo de cuadernos, plumas y una mochila era muy feliz con eso, logre ganar el segundo lugar regional en conocimientos para mi escuela . 

Al llegar a la secundaria, sobresalí el primer año y fui atacado por los demás y por algunos profesores, volvieron a mí las palabras de la profesora Lulú, oculte mi nivel de aprendizaje, pero en el tercer año de secundaria entendí lo que en realidad quiso decir la profesora, “Sra. Valentina, su hijo, debe hacer algo con lo que aprende, por eso se aburre en mis clases”, esa fue la interpretación que le di a las palabras de la profe Lulú,  para cuando lo entendí de esta manera era un poco tarde, termine la secundaria con 2 intentos de expulsión, lo único que me salvo fueron los profesores que vieron lo mismo que la profe Lulú, me dieron la oportunidad de continuar por mis promedios de 9.7 que mantenía aun sin asistir regularmente a clases pasaba los exámenes y lograba mantener esos promedios, la condición de aceptarme nuevamente fue quitarme dos puntos cada profesor,  así termine mi secundaria con promedio de 7.3. 

Continúe mis estudios de preparatoria, con las palabras de la profe Lulú, me dije tengo que ser como soy, aprender de los profesores, hacerlo como ellos dicen y externar mi manera de pensar y aprender y aprender y aprender y hacer algo con todo eso, creo que las palabras de la profe Lulú fueron mágicas, en lugar de ser tímido al aprender algo nuevo me convertí en alguien extrovertido, externando mis críticas, en ocasiones mordaces, incluso corrigiendo a los profesores, no lo hacía en el sentido de ridiculizarlos, pero si veo que algo está mal desde mi punto de vista, lo argumento y lo externo sin miedo, no necesito decir que esto me ha ocasionado algunos problemillas. Por diferentes causas no logre terminar la preparatoria de manera regular, pero los años que estuve en el sistema escolarizado, me fue súper bien, tuve profesores que me alentaban a seguir siendo de esa manera, deje la escuela hace 26 años,  acabo de conseguir mi certificado de preparatoria por medio de un examen ceneval casi alcanzo la calificación máxima por un margen mínimo y ese logro se lo debo a la profe Lulú, y varios profesores que supieron despertar en mi esa sed de saber aprender y darle un sentido a lo aprendido y no solo a almacenar el conocimiento. 

Para concluir esta historia, creo que las experiencias buenas o malas que pasamos, sobre todo a corta edad, son las que determinan nuestro carácter, nuestra forma de actuar ante las  adversidades, en esta caso esta experiencia me ha ayudado a formar mi carácter de aprendizaje, el saber que tengo una capacidad buena de almacenamiento de información y que no le daba en un inicio un sentido a esa información, me hizo entender que debo de saber procesar esos datos para generar cosas nuevas, mi aburrimiento en la escuela lo atribuyo a que en ese entonces solo almacenaba información pero no le estaba dando una forma nueva, al poner a trabajar a mi cerebro hilando las marañas de datos que recibo a diario me doy cuenta que creo cosas nuevas que dan soluciones a otras personas, crean procesos que no existían, procedimientos que solo eran imaginarios e incluso en mi área de trabajo, sistemas de cómputo que solo existían en la mente fantasiosa de alguna persona, no es que este creando cosas completamente nuevas, solo le doy forma y sentido a las ya existentes, pero esa forma y sentido es lo novedoso,  como bien dice el dicho “Sabe más el diablo por viejo, que por diablo”, un dicho muy acertado que le da la razón a la aplicación de los conocimientos con la experiencia lo cual nos lleva a la creación de conocimiento con sentido y aplicación práctica.

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