Siento como que
hare una confesión muy oculta, (jajaja), bueno la experiencia que me ha dejado
una enseñanza en mi manera de aprender y aplicar lo aprendido, sucedió cuando tenía
4 años y medio, actualmente tengo 44, fue una experiencia de la cual en su
momento tuve sentidos encontrados, ya que la tome como un defecto en mí, pero al correr de los años se ha
transformado en un motor de empuje cuando me encuentro en situaciones difíciles
o mejor dicho que no logro entender, sin más preámbulo va la historia.
Provengo de un
pequeño pueblo en el estado de San Luis Potosí, donde en esa época no exista un
kínder o jardín de niños como se le dice por allá, frente a casa de mis padres vivía
una señora mayor, la cual había sido profesora toda su vida y ya se encontraba
en su retiro, esta señora decidió abrir una pequeña escuela en su propia casa,
construyo un tejaban y comenzó a dar clases a los niños del barrio, éramos en
total alrededor de 15 niños, cuando mi
madre me dijo, -iras a la escuela de doña Lulú (que así le decían a la señora)- me emocione tenía unas
ganas por ir a la escuela era algo novedoso para mí.
Llega el primer día
de clases, creo que es uno de los días más maravillosos que recuerdo de mi
infancia, pero al paso de los días me aburría en la escuela, cuando nos
enseñaron el alfabeto yo ya quería aprender más, me parecía tan sencillo todo
que ocupaba el tiempo en platicar y hacer travesuras a los demás niños, obvio
doña Lulú, me ponía unos varazos buenos, en esa época si se permitan ciertos
castigos (jajaja), cuando nos enseñaron a sumar y restar me compuse un poco
estaba más quieto pero paso lo mismo que antes, cuando ya había entendido las
sumas y restas volví a ser el mismo travieso, la situación llego al punto de que la
profesora llamo a mi madre, me sentaron afuera de uno de los cuartos de la casa
de la profesora y se pusieron a platicar dentro, yo estaba escuchando todo, no
olvido las palabras de la profesora, “Doña Valentina, su hijo es muy
inteligente, pone mucho empeño en todo lo que le pongo a hacer, lo termina
antes que todos, pero no logro hacer que aprenda nada, no entiende que debe
estar quieto en el salón, y no molestar a sus compañeros, se la pasa platicando
y jugando, creo que ya no puedo aceptarlo en mis clases”, recuerdo que mi madre
solo atinó a decirle “maestra, acéptelo y yo veré que le haga caso, ahorita
llegando a la casa le pongo una tunda para que aprenda”, la maestra le dijo que
no, ya no podría aceptarme.
Esta demás decir
cómo me fue en casa ese día, pero no fue eso lo que hizo un parte aguas en mi
vida en el sentido del aprendizaje, fueron las palabras de la profesora, a mi
corta edad no alcanzaba a comprender el por qué si hacia todo bien y rápido estaba
siendo castigado de esa manera, llegue a la primaria, todos mis compañeros de “kínder”
pasaron a segundo año en el primer mes de clases, yo continúe en primero, solo
que ahora era un niño tímido, mi hambre de aprender no cambio, sin embargo trataba
de no demostrar que aprendía rápido, siempre pensaba -me van a acorrer de la escuela-
termine los seis años de primaria con mención honorifica en los últimos 5, en
ese entonces la mención honorifica era una felicitación en la plaza cívica y un
regalo de cuadernos, plumas y una mochila era muy feliz con eso, logre ganar el
segundo lugar regional en conocimientos para mi escuela .
Al llegar a la
secundaria, sobresalí el primer año y fui atacado por los demás y por algunos
profesores, volvieron a mí las palabras de la profesora Lulú, oculte mi nivel
de aprendizaje, pero en el tercer año de secundaria entendí lo que en realidad
quiso decir la profesora, “Sra. Valentina, su hijo, debe hacer algo con lo que
aprende, por eso se aburre en mis clases”, esa fue la interpretación que le di
a las palabras de la profe Lulú, para
cuando lo entendí de esta manera era un poco tarde, termine la secundaria con 2
intentos de expulsión, lo único que me salvo fueron los profesores que vieron
lo mismo que la profe Lulú, me dieron la oportunidad de continuar por mis
promedios de 9.7 que mantenía aun sin asistir regularmente a clases pasaba los exámenes
y lograba mantener esos promedios, la condición de aceptarme nuevamente fue
quitarme dos puntos cada profesor, así
termine mi secundaria con promedio de 7.3.
Continúe mis
estudios de preparatoria, con las palabras de la profe Lulú, me dije tengo que
ser como soy, aprender de los profesores, hacerlo como ellos dicen y externar
mi manera de pensar y aprender y aprender y aprender y hacer algo con todo eso,
creo que las palabras de la profe Lulú fueron mágicas, en lugar de ser tímido
al aprender algo nuevo me convertí en alguien extrovertido, externando mis críticas,
en ocasiones mordaces, incluso corrigiendo a los profesores, no lo hacía en el
sentido de ridiculizarlos, pero si veo que algo está mal desde mi punto de
vista, lo argumento y lo externo sin miedo, no necesito decir que esto me ha
ocasionado algunos problemillas. Por diferentes causas no logre terminar la preparatoria
de manera regular, pero los años que estuve en el sistema escolarizado, me fue súper
bien, tuve profesores que me alentaban a seguir siendo de esa manera, deje la
escuela hace 26 años, acabo de conseguir
mi certificado de preparatoria por medio de un examen ceneval casi alcanzo la calificación
máxima por un margen mínimo y ese logro se lo debo a la profe Lulú, y varios
profesores que supieron despertar en mi esa sed de saber aprender y darle un
sentido a lo aprendido y no solo a almacenar el conocimiento.
Para concluir
esta historia, creo que las experiencias buenas o malas que pasamos, sobre todo
a corta edad, son las que determinan nuestro carácter, nuestra forma de actuar
ante las adversidades, en esta caso esta
experiencia me ha ayudado a formar mi carácter de aprendizaje, el saber que
tengo una capacidad buena de almacenamiento de información y que no le daba en
un inicio un sentido a esa información, me hizo entender que debo de saber
procesar esos datos para generar cosas nuevas, mi aburrimiento en la escuela lo
atribuyo a que en ese entonces solo almacenaba información pero no le estaba
dando una forma nueva, al poner a trabajar a mi cerebro hilando las marañas de
datos que recibo a diario me doy cuenta que creo cosas nuevas que dan
soluciones a otras personas, crean procesos que no existían, procedimientos que
solo eran imaginarios e incluso en mi área de trabajo, sistemas de cómputo que
solo existían en la mente fantasiosa de alguna persona, no es que este creando
cosas completamente nuevas, solo le doy forma y sentido a las ya existentes,
pero esa forma y sentido es lo novedoso, como bien dice el dicho “Sabe más el diablo por
viejo, que por diablo”, un dicho muy acertado que le da la razón a la aplicación
de los conocimientos con la experiencia lo cual nos lleva a la creación de conocimiento
con sentido y aplicación práctica.
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